abril 20, 2026

TESIS EQUIVOCADAS DE LA 4T SOBRE POLÍTICA MEXICANA.

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bulmaro

Bulmaro Pacheco
El enfrentamiento a golpes del dirigente nacional del PRI Alejandro
Moreno con Gerardo Fernández Noroña en la sesión de clausura de
la Comisión Permanente, sólo es el reflejo de la tensión política que
se vive en México ante la cerrazón del gobierno de Morena y su
negativa al diálogo con la oposición. Todos los días son de burla y
desprecio a los opositores por parte del aparato de Estado y sus
mecanismos publicitarios, y en todo momento acusándolos de cuanto
mal se presenta en México como respuesta a la ineptitud y escasa
visión de los nuevos gobernantes.
Desde su llegada al poder en 2018, la llamada cuarta transformación
anunció “tiempos de cambio” para México. Se presentaron como
distintos a quienes gobernaron antes que ellos y asegurando que las
cosas “ya no serían iguales”, y que los últimos 36 años de gobierno
habían sido tiempo perdido para el país porque no se había
experimentado progreso en México.
En su narrativa, Felipe Calderón fue señalado como el responsable
de gran parte de las crisis actuales y, además, acusado de haber
“robado” la elección presidencial de 2006, que dejó a López Obrador
a solo 0.56 % de los votos de alcanzar la Presidencia.
Al inicio del sexenio lopezobradorista hubo un silencio casi total sobre
el expresidente Enrique Peña Nieto —a quien también
responsabilizan del triunfo de Morena en 2018— debido a la cadena
de corrupción y frivolidad que marcó su administración, así como la
irresponsabilidad con la que manejó su propia sucesión.
Desde antes de entregar el poder, Peña Nieto permitió a López
Obrador avanzar en decisiones clave para el país, como la
cancelación del Nuevo Aeropuerto Internacional de La Ciudad México
y la reforma educativa, incluidas las instituciones creadas para
implementarla.
El gobierno que llegó en 2018 y repitió triunfo en 2024 carece de una
ideología definida que lo distinga. El PRI, en su momento, hablaba de
los pendientes de la Revolución Mexicana y de cómo sus presidentes
buscaban aterrizar los postulados constitucionales en educación,
salud y desarrollo económico. El PAN, cuando llegó al poder en 2000,

tampoco presentó un proyecto ideológico claro: su lema era
simplemente el “Cambio”. De hecho, muchas de sus propuestas
históricas ya habían sido aplicadas por gobiernos priistas desde que
el PAN se convirtió en partido negociador a partir de 1989.
Hoy, Morena muestra una ideología confusa, en parte por su
integración política y por el pragmatismo con que ha sumado
militantes de otros partidos: PAN, PRI, PRD e incluso figuras del
sector privado. Aun así, ha intentado construir un discurso propio para
justificar su gestión, su partido y los limitados avances logrados.
Uno de los sellos de este gobierno ha sido el cierre de canales de
diálogo con la oposición, rompiendo una tradición política que, desde
los gobiernos del PRI y PAN, permitía negociar reformas importantes
para el país. Desde esa postura, Morena sostiene varias tesis a
nuestro juicio equivocadas, que conviene analizar:

  1. “LA OPOSICIÓN NO EXISTE”.
    El oficialismo insiste en que la oposición está borrada del mapa, pero
    la realidad es distinta. En la elección intermedia de 2021, la oposición
    obtuvo dos millones de votos más que Morena, lo que llevó al
    entonces presidente López Obrador a acelerar la cooptación de
    legisladores y la compra de votos mediante transferencias directas de
    recursos. Además, diseñó con antelación un esquema sucesorio para
    imponer candidatos y negociar posiciones en Morena.
    A pesar de que en 2024 la oposición obtuvo el 46% de los votos
    frente al 54% del oficialismo, las autoridades electorales terminaron
    asignándole solo el 24% de la representación legislativa, mientras que
    Morena y sus aliados recibieron el 74%, garantizando La mayoría
    calificada.En el Senado se consiguió mediante el “traspaso”
    oportunista de legisladores del PRD, PAN y Movimiento Ciudadano.
    Solo así el oficialismo pudo impulsar reformas constitucionales a su
    medida como la elección del poder judicial.
  2. “LA OPOSICIÓN ESTÁ MORALMENTE DERROTADA”.
    Esta frase, repetida por la dirigencia de Morena, es una copia
    adaptada de la sentencia histórica de Benito Juárez: “El triunfo de la
    reacción es moralmente imposible”. Juárez se refería a quienes
    promovieron (Gutiérrez Estrada, Juan Nepomuceno Almonte y otros)
    que México fuera gobernado por un príncipe europeo, tras la guerra
    con Estados Unidos y la Constitución de 1857.

La comparación con la oposición actual es desproporcionada y revela
más bien la falta de sustento ideológico de Morena, que ha
enfrentado numerosos escándalos internos por problemas de
corrupción, frivolidad e improvisación de quienes a cada rato
sostienen que son diferentes. Morena cuenta ahora con un importante
número de miembros “moralmente derrotados” por los escándalos de
corrupción y frivolidad que se han visto envueltos.

  1. “LA REVOLUCIÓN DE LAS CONCIENCIAS”.
    Este lema es un préstamo de la revolución de “terciopelo” acuñada
    por Václav Havel, expresidente de Checoslovaquia, escritor y poeta
    que sufrió tanto la invasión Nazi como la dictadura soviética en su
    país. En los años noventa, algunas revoluciones pacíficas adoptaron
    nombres simbólicos, como la “Revolución de los Claveles” en
    Portugal (1975) o las “Primaveras” en Medio Oriente, donde la presión
    popular logró derribar gobiernos autoritarios.
    En México, sin embargo, la frase “revolución de la conciencias” —que
    nunca ha sido real—, suena más a cursilería política que a una
    propuesta ideológica sólida. No saben ni cómo llamarle a su gobierno,
    menos a sus acciones partidarias.
  2. “MORENA NO ES PARTIDO, ES MOVIMIENTO”.
    Morena insiste en definirse como “movimiento” para diferenciarse de
    los partidos políticos tradicionales, cuya imagen está desgastada. No
    obstante, Morena es un partido político registrado que participa en
    elecciones desde 2015 y recibe prerrogativas conforme a la ley. Su
    insistencia en negar su naturaleza partidista es más retórica que real
    porque su operación se ajusta a lo que establece la ley general de
    partidos políticos reglamentaría del artículo 41 Constitucional.
  3. “EL NEOLIBERALISMO NO SIRVIÓ”.
    El oficialismo descalifica el periodo conocido como “neoliberal”,
    ignorando que durante esos años se aprobaron reformas clave que
    hoy lo benefician: la fundación del PRD (1989), la creación del IFE
    (1990), la reforma de la Suprema Corte (1995) la elección directa en
    la Ciudad de México (1997) y la ampliación de la representación
    proporcional en las cámaras legislativas, entre otras.
    Entre 1935 y 1982 la economía mexicana creció 6.1%. Entre 1983 y
    2018 el crecimiento fue del 2.3% y del 2018 al 2024 solo 0-98%.

La pregunta es inevitable: ¿Cómo se puede presumir reducción de la
pobreza en una economía que no crece?¿Qué riqueza se reparte
entonces? Quien logre responderla con rigor, bien podría ser
candidato al Nobel de Economía. Lo que ellos llaman el período
“neoliberal” (1983-2018) —que no fue lo perfecto ni idílico que se
presumió por la violencia experimentada—no tan intensa como
ahora—, pero con apertura política y reformas trascendentes, le dejó
a México entre otras cosas; reformas políticas democráticas,
crecimiento económico, rendición de cuentas y desarrollo social, algo
que no hemos visto en los años que van de la auto-llamada cuarta
transformación.

  1. “MÉXICO, EL PAÍS MÁS DEMOCRÁTICO DEL MUNDO”.
    Así se lo han hecho decir a la presidenta de la República para
    buscarle una justificación a la desaseada y cuestionada elección de
    los miembros del nuevo Poder Judicial sustentada en acordeones y
    que solo alcanzó la participación de menos del 10% del padrón
    electoral. Además, en las mediciones mundiales de acceso a la
    democracia, según la prestigiada revista The Economist, México se
    encuentra hoy en el lugar 90 de 167 países. Algo lejos del número 1
    contrastando con naciones como Uruguay (14) Costa Rica (17) y
    Chile (25). En estos últimos siete años de gobierno, México ha
    retrocedido: el poder se concentra cada vez más y las instituciones
    autónomas y contrapesos han desaparecido para acomodar el
    discurso oficialista. Se acabó el diálogo con las oposiciones, ahora
    reducidas a “críticos del modelo”,y ahí está el origen de las tensiones
    y los enfrentamientos que no han sabido resolver.
    ¿Hasta cuándo durará Morena en el poder? Nadie lo sabe, pero los
    guiños a los modelos de Hungría, Venezuela y Nicaragua son
    evidentes. El 2027 —con casi 20 mil cargos de elección popular en
    disputa— será un año decisivo y quizá un aviso de lo que pudiera
    venir en 2030. Ya se verá.
    bulmarop@gmail.com

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