NI VERGÜENZA NI ARREPENTIMIENTO.
Bulmaro Pacheco
En unas cuantas semanas más se cumplirán 50 años de la creación
del Colegio de Bachilleres de Sonora, y también será el aniversario de
la creación de los Institutos Tecnológicos de Hermosillo y Nogales.
El exgobernador Carlos Armando Biébrich contaba que, cuando le
presentó el proyecto al presidente Luis Echeverría de sacar las
preparatorias de la Universidad de Sonora y del ITSON para crear el
Colegio de Bachilleres, este le espetó:
—¿Usted me responde políticamente si se agitan las aguas en esas
instituciones? Porque el horno no está para bollos, Carlos Armando!”.
Biébrich le contestó que “él se hacía responsable de que las cosas no
se complicaran, y que para ello ya había establecido los contactos
con las autoridades —Alfonso Castellanos y Eduardo Estrella— de
ambas instituciones para avalar su proyecto”.
Así surgió en 1975, con muy pocos planteles, el Colegio de
Bachilleres: un organismo público descentralizado del gobierno
estatal, con financiamiento compartido al 50 % con el gobierno
federal. A raíz de su creación, el gobierno federal impulsó después la
fundación de los Cbtas, Cbtis y Cet del Mar para apoyar la educación
media superior en la entidad. Un gran paso, sin duda.
A 50 años de su fundación, el Colegio de Bachilleres cuenta hoy con
30 planteles, 29,000 estudiantes, 1,214 trabajadores académicos y
650 administrativos con 215 mil egresados. Los planteles federales de
educación media superior albergan a más de 6 mil estudiantes.
El Cobach es una institución consolidada, fruto del apoyo de los
gobiernos estatales que siempre vieron en ella un motivo de orgullo
por sus aportaciones y por la calidad de sus egresados, y que no
dudaron en expandir sus servicios a los municipios de Sonora. A mí
me tocó, como legislador y director del Cobach, impulsar la creación
de los planteles de: Huatabampo, Etchojoa, Álamos, Pueblo Yaqui,
Quetchehueca, Obregón III, San Ignacio Río Muerto, Empalme,
Guaymas, Sonoyta, Agua Prieta y Pitiquito.
A finales del gobierno de Rodolfo Félix Valdés (1990), el gobierno
federal decidió crear los Cecytes, también con aportaciones del 50 %
entre estado y federación, como respuesta a la necesidad de ampliar
la oferta de educación media superior a las áreas rurales y
suburbanas. El proyecto, que comenzó con los planteles del Fuerte-
Mayo (ejido 24 de febrero),Bacame,Basconcobe y Santa Ana, prendió
en Sonora, y hoy el sistema Cecytes en Sonora es una realidad con
31 planteles, 20 EMSAD y 34 telebachilleratos con 26 mil alumnos.
Con el tiempo, Sonora logró establecer seis tecnológicos federales
(Huatabampo, Nogales, Hermosillo, Guaymas, Valle del Yaqui y Agua
Prieta) y tres federalizados (Puerto Peñasco, Cananea y Cajeme),
que absorben el 22 % de la matrícula de educación superior en la
entidad (sin conflictos laborales) lo que ayudó a aliviar la presión por
la demanda educativa y a contribuir al desarrollo regional.
También las Universidades Tecnológicas —siete en total en la
entidad— impulsadas por el presidente Ernesto Zedillo, tuvieron su
expansión en los gobiernos de Armando López Nogales, Eduardo
Bours y Guillermo Padrés, en Hermosillo, Nogales, San Luis Río
Colorado, Obregón, Basconcobe, Puerto Peñasco y Guaymas.
Como candidato al gobierno estatal, don Rodolfo Félix ya proyectaba
construir la carretera de cuatro carriles para Sonora. Un simple viaje
por la antigua carretera de dos carriles (de 7 metros de ancho)
mostraba una infinidad de cruces y monumentos para recordar a
personas fallecidas en accidentes. La pavimentación de esa
carretera—la 15— había iniciado durante el gobierno de Miguel
Alemán (1946–1952) y fue concluida en el de Adolfo Ruiz Cortines
(1952–1958). En 1985, don Rodolfo puso manos a la obra y, en
condiciones sumamente difíciles para la economía nacional, logró
convencer al presidente Miguel de la Madrid sobre el proyecto de la
carretera de cuatro carriles. Así, en 1986 se inició el primer tramo
—con recursos estatales— de Hermosillo a Nogales.
Le seguirían los tramos Guaymas–Hermosillo, Guaymas–Obregón,
Obregón–Navojoa y, por último, Navojoa–Estación Don, en la frontera
con Sinaloa. En total, y a pesar de los escépticos y los críticos, se
construyeron 653 km.
Con el tiempo, lo que fue una carretera de 7 metros de ancho se
transformó en una moderna vía de cuatro carriles, con 10.5 metros de
ancho en cada sentido. Originalmente, el proyecto preveía solo el
tramo de carretera de Navojoa a Nogales, pero una buena
negociación con el gobierno federal permitió la construcción del tramo
adicional de casi 60 km de Navojoa hasta Estación Don.
La “cuatro carriles” (continuada por otros gobernadores y apoyada por
Presidentes de la República) salvó vidas, dinamizó la economía
sonorense mediante la modernización de la infraestructura de
comunicaciones y cumplió con un viejo sueño de la población. Al
inicio solo había un libramiento: el de Guaymas–Empalme.
Posteriormente se construyeron los de Magdalena, Obregón y
Hermosillo, para quienes no quisieran entrar a esas ciudades y
ahorrar tiempo en los viajes.
En más de una ocasión, el exgobernador Samuel Ocaña relataba el
cómo y el porqué de la gestión para traer la planta Ford a Hermosillo:
desde convencer a las autoridades mexicanas hasta viajar a los
Estados Unidos —a la sede de la empresa— para demostrar las
bondades de Sonora e impulsar una inversión de tal magnitud. El
proyecto se logró y comenzó a operar en 1985, convirtiéndose en una
de las principales fuentes de empleo (más de 3mil) para los
sonorenses, modernizando la economía estatal y colocando a Sonora
en el mapa mundial de la inversión extranjera.
Hay muchas otras obras que se pueden presumir de los gobiernos de
Sonora, que siempre buscaron el engrandecimiento de la entidad y la
solución de los grandes problemas.
Por ejemplo: los gobiernos de Anselmo Macías Valenzuela
(1939–1943) y Román Yocupicio (1937–1939) impulsaron la creación
de la Universidad de Sonora. A partir de Ignacio Soto (1949–1955), se
inició la implementación y expansión del IMSS en el estado. Con Luis
Encinas Johnson se consolidó el ISSSTE, se creó el Isssteson y se
modernizó la capital. Por su parte, Abelardo L. Rodríguez construyó
grandes escuelas e hizo avanzar a Hermosillo. ¿Sabía usted que el
general Rodríguez, como gobernador de Sonora, nunca cobró sueldo
y, además, donó un capital importante para crear la Fundación
Esposos Rodríguez, que desde 1948 otorga becas a estudiantes de
escasos recursos en Sonora? Son solo algunos ejemplos.
Usando su libertad, quienes han abdicado de su participación política
cambiando de partido cada vez que les conviene, y que se
avergüenzan del pasado político, no tienen razón. Lo hacen por
conveniencia personal, no por convicción contribuyendo con eso a la
degradación política de la entidad por los intereses a los que sirven.
Tampoco tienen razón quienes todo el tiempo cuestionan el pasado y
culpan a sus antecesores de los problemas actuales solo para
justificarse.Hay mucho que presumir de la mayoría de los
gobernantes de Sonora y realmente de qué avergonzarse.
Mienten quienes a cada rato señalan como años perdidos para
Sonora las etapas de los gobiernos visionarios y constructivos como
los que hemos señalado con toso y sus obras.
¿Cuántos de ellos tuvieron la necesidad de trabajar después de dejar
el cargo? ¿Cuántos siguieron apareciendo en público sin
esconderse? La diferencia con aquellos es que Hoy no hay mucho
que presumir de quienes nos hablan de “transformación” mientras se
acumulan rezagos, nuevos y viejos problemas sin resolver, y no se
han sentado las bases de nuevas etapas que puedan indicar un
mayor progreso—con equipos y capacidades demostradas como
antes— para la entidad. Para el debate y el análisis. La realidad.
bulmarop@gmail.com
