COLOSIO: EL POLÍTICO, EL AMIGO
Bulmaro Pacheco
A finales de 1982, el recordado maestro Samuel del Villar
—egresado de la UNAM y Harvard y profesor en El Colegio de
México— me habló de un paisano que era académico en esa
institución: Luis Donaldo Colosio. Quería presentarnos, así que la
cita fue en uno de los restaurantes Loredo de la Ciudad de
México.Ya tenía referencias de Colosio por un amigo común:
Leonel Argüelles Méndez, quien había sido su compañero en las
luchas estudiantiles de 1967 en Sonora.
En esa comida conversamos ampliamente y agradecimos a
Samuel su amable intermediación para conocernos.Al
despedirnos, acordamos mantenernos en contacto.
Poco después, el Presidente Miguel de la Madrid formó su
gabinete. Dos nombres de sonorenses destacaron: Rodolfo Félix
Valdés, como secretario de Comunicaciones y Transportes; y
Colosio, como director general de Desarrollo Regional en la
Secretaría de Programación y Presupuesto, bajo las órdenes de
Carlos Salinas de Gortari.
Días después de esos nombramientos, Gustavo Félix —hijo de
don Rodolfo— nos llamó para invitarnos a un desayuno informal
con el nuevo secretario. La cita fue en la oficina de la SCT el
lunes siguiente. Ahí nos encontramos Colosio, Manlio Fabio
Beltrones (entonces diputado federal por Sonora), Juan Manuel
Verdugo Rosas (representante de la CNC) y yo.
Don Rodolfo propuso institucionalizar esos encuentros:
desayunar el primer lunes de cada mes para intercambiar
opiniones y seguir de cerca el acontecer político de Sonora, de
cara a la sucesión del gobernador Samuel Ocaña, ya próxima en
el calendario.
Fueron reuniones memorables, llenas de anécdotas y reflexiones.
Así se consolidó un pequeño grupo unido por la amistad, el
origen y la inquietud por el futuro del Estado.
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La primera gran prueba política del grupo llegó el 28 de
noviembre de 1984, cuando el PRI nacional postuló a Don
Rodolfo Félix Valdés como candidato a gobernador de Sonora.
Manlio, Verdugo y yo nos unimos a su campaña en enero de
- Colosio, aunque no se integró formalmente, lo acompañó
desde su puesto federal y con visitas estratégicas a Sonora.
Por entonces ya circulaba el rumor de que Colosio sería
postulado a diputado federal, lo cual se confirmó en marzo de - El PRI anunció entonces las candidaturas por los siete
distritos de Sonora: Alicia Arellano, Luis Donaldo Colosio, Ismael
Torres Díaz, Eleno de Anda, Jorge Acedo Samaniego, Francisco
Villanueva Castelo y un servidor.
En las elecciones de julio, Colosio ganó en el primer distrito. Solo
Alicia Arellano no logró el escaño.
Con la toma de protesta del gobernador Félix Valdés, Beltrones
pasó de ls dirigencia estatal del PRI a la secretaría de Gobierno;
Verdugo, subsecretario de Asuntos Agrarios. Colosio y yo
asumimos nuestras diputaciones federales. Él presidió la
Comisión de Presupuesto, mientras que yo coordiné a los
diputados sonorenses y fui secretario de la Comisión de
Seguridad Social. Colosio y Verdugo tenían 35 años; Beltrones
33 y yo 31.
El trabajo legislativo en la LIII Legislatura fue un aprendizaje
clave. Compartimos escaño con figuras como Eliseo Mendoza
Berrueto, Blas Chumacero, Heberto Castillo, Demetrio Vallejo,
Alejandro Gascón Mercado, Fernando Ortiz Arana, Mario Niebla y
Diego Valadés entre otros. Fueron tres años intensos de debate
político y maduración.
Más tarde, Colosio fue designado delegado de la CNOP en
Sinaloa, y yo asumí la dirigencia estatal del PRI en Sonora para
la elección de 1988.
Con la postulación de Carlos Salinas de Gortari a la presidencia,
en octubre de 1987, Colosio fue nombrado oficial mayor del CEN
del PRI y coordinador de la campaña presidencial.
Posteriormente, él y Manlio Fabio Beltrones fueron postulados
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como fórmula al Senado, con Armando Hopkins y un servidor
como suplentes. Juan Manuel Verdugo sería postulado como
diputado federal por Navojoa.
Al iniciar la LIV Legislatura, Beltrones ocupó la curul hasta
diciembre, cuando fue llamado a la Subsecretaría de
Gobernación. En su lugar, asumí la senaduría.
Como senadores, con Colosio, compartimos espacio con políticos
de peso: Emilio González (coordinador) Alfonso Martínez
Domínguez, Leonardo Rodríguez Alcaine, Carlos Jonguitud,
Netzahualcóyotl de la Vega, entre otros.
En 1989, ya como presidente nacional del PRI, Colosio encabezó
una etapa difícil para el partido, luego de la ruptura interna con la
Corriente Democrática. Ese mismo año, desde Sonora con
Colosio y el gobernador Félix promovimos la creación del
municipio número 70, al que llamamos “Plutarco Elías Calles”, en
homenaje al sonorense fundador del PRI. Irónicamente y a pesar
de las aportaciones históricas de Calles—ingratitudes aparte—
ninguna ciudad ni municipio del país levaba su nombre.
En 1990, por invitación de Colosio, fui nombrado delegado del
CEN en Colima para la elección de 1991, en la que resultó electo
gobernador Carlos de la Madrid Virgen. Ese mismo año,
Beltrones resultó candidato a gobernador de Sonora.
Tras finalizar mi periodo en el Senado, Colosio me citó para
hablar sobre el futuro. Le comuniqué mi decisión—gracias a la
decisión de Don Fernando Solana— de integrarme al servicio
exterior como cónsul en Phoenix. Me pidió mantenernos en
contacto, y así fue durante mi estancia en EE. UU, tanto en
Phoenix como en Miami, entre 1991 y 1994.
Fue muy importante el apoyo financiero desplegado por Colosio
para atención de los mexicanos damnificados por el Huracán
“Andrew” que pegó muy fuerte en la Florida en 1992.
A medida que se acercaba la sucesión presidencial, la
comunicación se intensificó a través de Guillermo Hopkins, y los
documentos a través de Tere Ríos.
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En 1993, ya como secretario de Sedesol, Colosio y yo tuvimos
una conversación privada donde le compartí las versiones que
llegaban desde Florida sobre su posible candidatura presidencial.
No lo negó. Sonrió y agradeció la información.
Ese verano coincidimos en Los Pinos, en una reunión con
empresarios cubano-americanos exiliados. Cuando Jorge Más
Canosa, líder de la influyente Fundación Nacional Cubano-
americana, lo vio, le preguntó: “¿Es usted Colosio, el que va a ser
el próximo presidente de México?”. La respuesta de Colosio fue
instantánea: “¿Dónde le firmo?”.
El 28 de noviembre de 1993, se oficializó su candidatura. Nos
volvimos a ver en la Ciudad de México. Poco después, el 4 de
enero de 1994, Ernesto Zedillo—coordinador de su campaña—
me llamó para decirme que Colosio quería que me integrara a la
campaña presidencial. “Habla con el canciller Tello me dijo, para
que no dejes pendientes en Miami. Lo hice y me incorporé de
inmediato a las tareas políticas en el equipo de campaña.
Durante la campaña lo vi pocas veces. Fueron saludos
esporádicos, encuentros breves. Sin embargo, mantuve una
estrecha coordinación con su equipo cercano.
Fue una campaña difícil: Chiapas, los rumores, las tensiones de
la sucesión… muchos pendientes políticos no resueltos, muchas
heridas abiertas. No tengo la menor duda de que hubiera
arrasado en la elección y hubiera sido un gran Presidente de
México, por sus valores, su integridad y su vocación.
Su asesinato cimbró a México y nos impactó a todos. Al
recordarlo, lo hacemos con la misma emoción con la que lo
tratamos y con la que compartimos amistad, sueños e ideales.
bulmarop@gmail.com
