abril 16, 2026
bulmaro

Bulmaro Pacheco.

Si las fuerzas de oposición política en México no se ponen las pilas, el
proceso electoral del 2027 será complicado para los que buscan
ampliar sus niveles de votación y para los que desean conservar el
registro.
A la oposición a cada rato la humillan, tanto en el discurso
presidencial como en el de los gobernadores de los estados regidos
por Morena. En ambos casos ni siquiera han volteado a verla. La
acusan a cada rato de inexistente o que está borrada del escenario
político o, lo peor —como burla—, que los opositores se encuentran
“moralmente derrotados”. Esa es la letanía dominante en política; por
ahora.
Y ese discurso ha venido permeando en la sociedad sin que la
oposición elabore una estrategia útil y consistente de defensa que le
permita posicionarse ante sus votantes, simpatizantes, y ante una
opinión pública que absorta contempla cómo se reparten el pastel
desde el poder —concentrándolo— en todos los niveles, sin que
México registre avances en sus prioridades, desde el crecimiento
económico hasta la inseguridad y la respuesta eficaz a numerosos
problemas sociales, entre ellos los de los trabajadores de la
educación.
Porque la gente ya se pregunta, ¿para qué querían tanta
concentración de poder (tres en uno), si a pesar de eso ninguno de
los graves problemas de México se resuelve?, ¿Para qué tanta
propaganda sobre las transformaciones, segundos pisos y agregados,
si todo ello —que se traduce en grilla barata y muy local— no se
traduce en soluciones a las grandes cuestiones nacionales como la
economía y el desarrollo social?
Desde la llegada al poder de Morena en 2018 han tejido y operado
para jalar a opositores al lado del oficialismo: Ex gobernadores, que
se dejaron ganar en sus estados y recibieron como premio misiones
diplomáticas; ex dirigentes partidistas, que anunciaban el final de sus
ciclos políticos —en sus partidos de origen— para pasarse al
oficialismo; legisladores de otros partidos, para completar mayorías
legislativas en lugares donde no las ganaron; y aquellos que

recibieron ofertas de promoción o recursos económicos para avanzar
en sus carreras políticas, al precio de renunciar a sus convicciones
originales.
Todo eso con el propósito de causar fracturas al interior de sus
organizaciones y contribuir con esas decisiones a la degradación
política, más que al fortalecimiento de la democracia o al
mejoramiento de la actividad política en los diversos niveles de la
representación local y nacional.
Se trata de un fenómeno —en apariencia— relativamente nuevo en la
política mexicana, que empezó a gestarse con las victorias del partido
acción Nacional y del PRD a finales del siglo XX. El PRD surgiría en
1989 como una escisión del PRI (la de 1988) y un intento más de
unificación de las izquierdas en México.
El PAN empezó a ganar alcaldías desde 1967, después regularmente
—Chihuahua en 1983 y 1986— y en 1989 la primera gubernatura
estatal en Baja California. Negociarían después Guanajuato en 1991
y la gubernatura de Chihuahua la perdería el PRI en 1992.
Más opciones y más libertades parecían ser el camino del momento
político y siguieron cayendo posiciones donde no había arreglos
políticos de unidad entre los aspirantes del PRI. En esos lugares las
oposiciones estaban listas para jalar e incorporar a los inconformes,
como los candidatos contra el PRI, el partido en el gobierno:
(Monreal. Malova, Cota Montaño, Aguirre Rivero, etc.). Entre otros,
significaron triunfos opositores con priistas inconformes que ganaban
la elección y se llevaban con ellos las estructuras y los militantes —el
voto duro— dejando fracturas y debilitamiento en el partido de origen.
En Guanajuato y Baja California, el PRI no se recuperó.
La Ciudad de México el PRI la perdió en la primera elección
Constitucional en 1997 y desde entonces gobernó primero el PRD
hasta 2018. Morena ha ganado los dos últimos períodos (2018-2030)
En 1999 se da una nueva escisión en el PRI, con el surgimiento del
Partido Convergencia encabezado por Dante Delgado
Manuel Camacho Solís, contrincante de Luis Donaldo Colosio en la
sucesión de 1994, funda su propio partido: Centro Democrático, que
lo hace candidato presidencial en la elección del 2000.
En 2001 surge el Partido Nueva Alianza encabezado por Elba Esther
Gordillo, que buscó aglutinar a los maestros de México.

Con el tiempo fueron desapareciendo los antiguos aliados del PRI: el
PT y el Verde Ecologista se alinearon con el partido en el gobierno y
se olvidaron de sus antiguos compromisos.
Ahora las cosas han cambiado y las oposiciones deben reponerse de
la permanente campaña en contra que se les endilga desde el
oficialismo: Les culpan de todos los atrasos de México y poco
defienden las grandes aportaciones que se hicieron para que México
transitara pacíficamente hacia la democracia y la ampliación de los
derechos a la diversidad política que llevó al poder a Morena.
Les echan en cara el atraso de México y poco dicen que desde el
2018 la economía mexicana no ha crecido —cuando menos— a las
tasas observadas en los gobiernos del PRI y el PAN. Y si no hay
crecimiento económico no hay distribución de la riqueza.
En la llamada 4T sostienen que de todos los problemas de México
tiene la culpa el pasado, y las oposiciones no mueven el argumento
de que el pasado sexenio del presidente López Obrador ya es parte
de esas herencias. Algo que el nuevo gobierno no puede evitar
reconocer, pero tiene a su favor las conferencias mañaneras, donde
no solo sostienen—via propaganda— que las oposiciones no existen,
sino que se hace escarnio de ellas convirtiendo la jefatura del Estado
mexicano en una jefatura de partido; algo nunca visto en México en la
figura presidencial, que ha roto los esquemas y las reglas de
convivencia política en la pluralidad.
Tanto el PRI como el PAN, Movimiento Ciudadano y el PRD (En los
estados donde cuenta con registro) deben ponerse las pilas y trabajar
ya en un proyecto político para el 2027. Eso incluye buscar las
candidaturas idóneas para los 300 distritos federales que habrán de
renovarse en 2027, también las candidaturas de representación
proporcional y dar la batalla en las 17 gubernaturas que habrán de
renovarse ese año.
No es cierto que Morena sea imbatible o que la elección ya esté
ganada de antemano. En política no funciona el determinismo y cada
espacio político tiene sus realidades y características propias. Ahí
están las recientes elecciones en Durango y Veracruz donde Morena
experimentó un bajón considerable.
Las oposiciones tienen que leer muy bien los resultados y hacer una
buena indagatoria sobre los problemas que han llevado a Morena a la

baja. También sobre la movilización oficial para la elección del Poder
Judicial, que muestra la realidad del voto duro morenista con todo y
los apoyos oficiales que se dispararon.Nada para nadie por el
momento y rumbo al 2027. Sí hay oposición y en el lado oficial lo
saben. Esa historia apenas se está escribiendo. Ya veremos.
bulmarop@gmail.com

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