abril 3, 2026
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Oscar Hector Paco Barrera

LA DEMOCRACIA NO ES GASTO,

ES INVERSIÓN

Ayer 19 de febrero, la presidente Claudia Sheinbaum enfatizo en su mañanera que será hasta el 24 de febrero día de la Bandera Nacional, cuando presente públicamente su proyecto de reforma electoral, anticipando que tal iniciativa busca reducir el «costo» de la democracia en México, entre otras cosas.

Sostiene que el modelo actual es excesivamente caro y que el objetivo es disminuir los gastos en organismos electorales, para cumplir el objetivo de fortalecer la participación ciudadana y la representación popular.

Ternurita doña Claudia. No se si es actuada, falsa o legítima su ingenuidad, al suponer que la democracia puede ser tratada a la ligera o bajo el principio del Dr. Simi de buscar «lo mismo, pero más barato».

Nadie se atrevería en este momento a mostrarse satisfecho con las dotaciones de dinero público, que a los partidos distribuye el INE y los organismos electorales estatales. Sobre todo porque se ignora cómo y en qué se gastan las organizaciones politicas la millonada de pesos que reciben como prerrogativas.

Pero de eso a truncar un financiamiento necesario, hay un abismo. Litigar al respecto y ajustar la ley a las necesidades fundamentales de las entidades públicas como define la Constitución a los partidos políticos, es obvio y obligado realizarlo y existe un principio básico para hacerlo: o financia el gobierno la democracia, o se convierte está (la democracia), en mercancía abierta al mejor postor para fines aviesos. los Patrocinadores no faltarán, sobran cárteles del crimen organizado en espera de puertas abiertas que les permitan entrar aún más, en la colocación de sus afines en los cargos públicos.

Debe ser este, un debate fundamental. Creo con toda honestidad, uno de los más divisivos en la política moderna. La idea de que «lo barato sale caro», es toda una realidad cuando se trata de la integridad de las instituciones que garantizan nuestro voto como desición de designar al gobierno que queremos.

Incluyo aquí la necesaria recuperacion de la autonomía presupuestal y operativa del Instituto Nacional Electoral (INE), que deberá recuperar su calidad ciudadana sin injerencia de los poderes del estado.

Hay que entender que existen dos visiones chocando aquí: la de la austeridad republicana, aforismo populista tan falso como su propósito de reducir el gasto público, frente a la de la autonomía institucional que obliga invertir lo necesario para evitar la cooptación o el fraude y más claro, para obligar a las cuentas claras.

La democracia es «cara» en México y otros países con historias de transiciones democráticas difíciles, por una simple razón: Es el precio de la desconfianza. Se ajustara cuando a la vuelta de los años la democracia no sea proyecto y se convierta en cultura. Gran parte del presupuesto se va en sistemas de seguridad, credenciales infalsificables y la vigilancia del dinero que reciben los partidos.

Finalmente, un organismo electoral con presupuesto propio no tiene que «pedir permiso» ni favores al poder ejecutivo y legislativo en turno para operar.

Bastaría enumerar despilfarros y corrupción oficial, para demostrar que la inversión en la promoción y conservación de la democracia es muy inferior a estos. Sumele aeropuerto deshechado, camiones transportadores de gasolinas, venta, renta y rifas del avión que ni Obama tenía, desfalco en Segalmex (15 MMP), Huachicol Fiscal (+500MMP), precios inflados en trenes (Maya y Transoceanico), etc.etc etc.

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