abril 3, 2026
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Oscar Hector Paco Barrera

A PROPOSITO DE LAS MARCHAS

«México va a cambiar contigo, sin ti y a pesar de ti». Era la frase repetida por Manuel (Maquio) Clouthier, en cada una de sus intervenciones públicas y entrevistas, en las elecciones presidenciales de 1988.

Los candidatos eran además de Maquio, el Ing. Cuauhtémoc Cárdenas, Carlos Salinas de Gortari Doña Rosario Ibarra de Piedra.

El ganador declarado fue Salinas de Gortari del Partido Revolucionario Institucional (PRI). ​La elección es ampliamente recordada por la «caída del sistema» durante el conteo de votos preliminar, ordenada está caída, por Manuel Bartett, Secretario de Gobernación y también de la Comisión Electoral en manos del gobierno. Lo anterior detuvo la publicación de resultados y generó graves acusaciones de fraude electoral por parte de la oposición. Por primera vez los candidatos burlados se unieron en un mismo reclamo.

En un amañado informe de los resultados, se publicaron estos así: PRI (50.74%), PAN (16.81%), Frente Democrático (31.06%) y Doña Rosario Ibarra de Piedra 1.29%.

¿Porque hago esta pequeña remembranza? .

Simplemente porque los hechos se dan en un momento idéntico al actual. Un partido hegemónico, una figura presidencial con mando absoluto sobre los poderes de la Unión, un ejército de electores obligado vía dadivas, amenazas y otros privilegios y un pueblo cansado, harto y hambriento de cambios sustanciales en la política nacional; principalmente en la democracia.

El grito de guerra de Clouthier que encabeza este comentario, viene a colación, primero, porque fue un vaticinio acertado. ¡México cambió a partir de entonces!.

Salinas ya presidente, entendió que era imposible continuar ese sendero y había que convertirlo en carretera amplia, en donde cupieran todos: gobierno, ciudadanos y partidos políticos, con equidad y libertad de acción.

El cambio fue tan evidente, que en 1989, por primera vez un gobierno estatal fue ganado por la oposición. Baja California abría la brecha. Doce años después el PAN llegó a los pinos.

Pues bien, la tan criticada marcha convocada por los jóvenes agrupados en la llamada Generación Z, nos regresa a la calle, a la manifestación con objetivos claros y pacíficos. Medirla por cantidades es falacia y engaño. No da igual resultado un evento voluntario a una concentración contratada y acarreada con dinero público.

No llenaron el Zócalo, declaran alegres los oficialistas. Hasta el insolente Fernández Noroña, sube a sus redes una perorata burlesca e incongruente, que muestra la negación de su pasado de porro y vándalo, sin oficio ni beneficio. Quienes le pagaban por ser lo que era, llegaron al poder y arrastraron la podredumbre que los encubrió.

La mano perversa como siempre, operó. ¿Quién mando al grupo de los encapuchados a ejercer la violencia y vandalismo habitual de siempre?.

Quizas el triunfo de justicia y democracia, no sea inmediato: pero será en corto tiempo. El despertar juvenil y el apoyo de otras generaciones históricamente han tenido resultados.

La marcha nacional del pasado 15 de noviembre es tan solo la primera llamada. ¡Ojo!

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